Práctica 5: “EL GRAN HERMANO, VIGILANDO AL MUNDO”. SEGURIDAD, PRIVACIDAD E INTERNET

Seguridad, privacidad e Internet

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Internet, ese otro mundo

Internet. O red de redes. O conjunto de redes. O “esa cosa mágica” que hace que te pueda ver en la pantalla. Lo llamemos como lo llamemos, es el arma del siglo XXI. No malinterpretemos. Un bolígrafo, ese mismo bolígrafo con el que escribimos cada día, puede ser un arma potente, fuerte y, si triunfamos, letal.

Fuente: zcool.com.cn

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Ahora bien, centrémonos de nuevo en Internet. Anonadados debemos estar ante la gran evolución y mejora del acceso a Internet que, todos y cada uno de nosotros, hemos vivido desde principios del segundo milenio. Aunque parezca mentira o cueste creerlo, vivimos en un mundo en el que sin un ordenador sin conexión no podríamos realizar ni la mitad de cosas que hacemos. Un trabajo para la materia de Documentación, un correo electrónico solicitando un puesto de trabajo, una beca para estudiar, un archivo escolar,… Una infinidad de cosas que, ahora mismo, en estos momentos, realizamos con un ordenador con conexión. Sí, incluso hasta cómo cocinar nuestro postre favorito. Hasta eso, lo vemos en Internet. Probablemente, en algún foro de ayuda. O, si es el caso, en un vídeo tutorial.

Se me ocurren miles de ventajas, miles de cosas que Internet nos posibilita para mejorar nuestra calidad de vida y agilizar procesos diversos. Aunque previamente he mencionado, de forma muy breve, cómo Internet se ha convertido en una gran fuente de información, son muchas más sus contribuciones. Así pues, esta red de redes ha logrado facilitar en gran medida la comunicación: a través de un simple ordenador con conexión podemos chatear, hablar o ver a través de una webcam a otra persona que, sin problema, puede estar en otro continente. Cuando nuestros antepasados creían que ya lo habían visto todo con el teléfono, Internet y el ordenador derrumbaron la idea.

Fuente: politiquiando.com

Fuente: politiquiando.com

Vinculado a lo anterior, podemos introducirnos en el panorama de las redes sociales. Una gran adicción para una importante parte de la población pero, si lo vemos desde otra perspectiva, también pueden ser definidas como las verdaderas armas de comunicación en la actualidad. Familia, amigos, conocidos, compañeros o, incluso, totales desconocidos. En efecto, un elemento de comunicación que permite tener de una forma virtual más cercana a nuestra familia, es decir, nos ayuda a relacionarnos con mayor frecuencia  con ellos o, en otros muchos casos, conocer gente nueva. Algo que, según menciona la prensa en  repetidas ocasiones, está acarreando serios problemas de parejas. Pero, como todo, nada puede ser perfecto de principio a fin.  Por lo tanto, debemos aprender tanto a convivir como a combatir sus peores defectos.

Anteriormente expliqué brevemente la función de fuente de información que Internet tiene en el panorama actual. Hasta tal punto es importante este cometido que, como hemos podido ver a lo largo de los años, gran parte del material que podemos necesitar para la elaboración de trabajos, independientemente de la temática, se encuentra aquí, en la esfera virtual. Dicho en otras palabras, al igual que la prensa en papel está mudando hacia el mundo web, las bibliotecas también se están pasando al ciberespacio. Es por ello que, cada vez menos, contemos como primer paso de búsqueda el acudir a una biblioteca. Lo primero es googlear algo clave. Una palabra. Una frase. Algo. Luego, ya se verá.  En este contexto debemos resaltar la importancia de la alfabetización digital. Es decir, hablamos de la habilidad para localizar, organizar, entender o analizar información en el marco 2.0, o lo que es lo mismo, por medio de tecnología digital. Una importante facultad que, paulatinamente, se está convirtiendo en una base fundamental, a este ritmo, tan importante como aprender a a leer y a escribir.

A simple vista, todo parece ir viento en popa. Pero si nos paramos a reflexionar nos toparemos con un importante problema: la infoxicación. En efecto, una palabra fruto de la  suma de información más intoxicación. Este término no se recoge en los diccionarios, pero la curiosidad ha podido conmigo y he probado suerte en Wikipedia. Esto es lo que he encontrado:

Trastorno intelectual producto de la incapacidad de analizar y comprender una lluvia de información como la que pueden proporcionar los medios electrónicos actuales.

Explicado de una forma más sencilla, podemos decir que es la cara de “Ahora qué hago”, ¿”Esto me servirá sí o no?” o “¿Pero esto es cierto?” que se nos queda cuando googleamos  determinada palabra o palabras y encontramos miles de webs en las que, de una forma u otra, coexiste mucha información. El problema, y de ahí nuestras caras de absortos, es cuando nos encontramos con 30 pestañas abiertas y no sabemos de qué página o páginas debemos fiarnos. Cuáles nos proporcionarán una información real y veraz. O, de toda esa gran nube de información, con cuál debo quedarme. Un verdadero quebradero de cabeza. No cabe la menor duda. Pero, cuando antes eran las mil y pico páginas de un libro, ahora son 30 pestañas. Eso sí, tampoco es que el método de selección haya cambiado en profundidad. En los libros también se miente. La diferencia  es que, cuando la posibilidad de publicar una obra era y es más limitado, al ciberespacio es, con creces, mucho más sencillo llegar. Cualquiera, insisto, cualquiera que tenga conexión a Internet puede publicar contenido en el mundo virtual. Debemos ser cuidadosos, utilizar nuestros recursos y aplicarlos en el mundo 2.0. El contraste ha de ser, siempre, primordial.

Como todo, Internet también tiene un lado muy peligroso. La dependencia. Un vicio que poco a poco se va extendiendo a las nuevas generaciones. ¿Increíble? ¿Poco creíble? ¿Mentira? En absoluto. Pronto, si se me permite la exageración, los niños nacerán con un Smartphone de última generación con 3G en la mano. Sin duda, algunos, lo llamarán futuro. Yo lo llamo “irse de las manos”. Y no, no es que considere que Internet deba ser eliminado o prohibido. Para nada. Pero sí debemos tener en cuenta los estragos que está causando y causará por no “consumirlo” con moderación.

En los bares no hablamos cara a cara. Aunque sí entre nosotros, por paradójico y absurdo que resulte, pero, por supuesto, a través de Whatsapp o aplicaciones similares. La saliva no se gasta.

En clase no estamos viendo las diapositivas que el/la profesor/a muestra en el proyector. No. Estamos en Twitter, Facebook o vete a saber dónde. Disculpad la osadía.

En el cine no estamos comiendo palomitas mientras miramos la película. ¡Menuda tontería! Estamos twitteando: “En el estreno de “X”. Increíble. Peliculón. La recomiendo por esto y lo otro”. Pero, ahora, la pregunta del millón: ¿Estamos o no estamos viendo la película? Como se dicen en estos tiempos tan modernos que incluso parecen “retros”, es mero “postureo”. Destacar. Ser los mejores. Y, en el anonimato, ser alguien a quién, otro alguien, admire.

En síntesis, es un arma de distracción. En todos sus sentidos. Nos distrae del mundo. Nos atrapa con sus múltiples encantos y no nos deja salir al mundo exterior. Ya no vivimos con los pies en la tierra, vivimos con la mirada en la pantalla.