¿Ineficacia? ¿Excusas? ¿Prevención? Sí, sí y no.

Un importante acontecimiento en el corazón de los EEUU marcó un cambio decisivo en el tratamiento de la seguridad estatal. El terrible atentado terrorista en las Torres Gemelas, conocido a día de hoy como 11-S, marcó un antes y un después. Temiendo posibles ataques del mismo o peor calibre, los EEUU abogaron desde entonces por un nuevo método de defensa de la seguridad estatal orientado al ciberespacio. Este nuevo mecanismo, con el que se pretendía prevenir posibles ataques terroristas a través de exhaustivas investigaciones -mejor dicho espionaje- en la red, dio sus primeros pasos con la Ley Patriótica (2001), de la cual el, por aquel entonces, presidente norteamericano George Bush promulgó.  Con esta ley, que en su momento fue aceptada por una importante parte de los ciudadanos estadounidenses, el Estado pasaba a ejercer un supuesto mayor control en la prevención del terrorismo gracias a la dotación de más poder en las agencias de vigilancia, tales como la NSC o CIA.  Pero, ¿qué pasó a lo largo de los años? ¿Qué sucede ahora con la vigilancia en la red?

Tras el debate suscitado en el aula, donde, para mi sorpresa, hubo opiniones a favor de “cierto” espionaje en la red como medida de prevención, traté de responder mentalmente a las cuestiones anteriores. Cabe destacar, que yo no  pude compartir los pensamientos de quienes aceptaban cierto espionaje. Entonces,… ¿De verdad este espionaje cibernético funciona? Las agencias de vigilancia cuentan con máquinas que rastrean comentarios en Facebook, tweets o posts en Google Plus, entre otros. En cuanto detectan un conjunto de palabras que conforman un mensaje sospechoso la alarma salta y, sea quien sea quien haya publicado dichas palabras, pronto tendrá a un equipo de la SWAT en su puerta con el fin de someterlo a un interrogatorio: ¿Qué pretendía usted decir? ¿Planea atentar contra la Casa Blanca?,… Hasta casos tan extremos, o ridículos a decir verdad, han llegado las agencias de seguridad, que en EEUU ya se han dado casos de niños acusados por presuntas amenazas al Gobierno. ¿Y las metáforas? ¿Y las bromas? ¿Y las frases inocentes? ¿Dónde ha quedad todo eso? Así pues, no queda duda de la ineficacia que, en algunas ocasiones, presentan estos mecanismos que las agencias de seguridad emplean. Pero, lo más llamativo, es que al día la SWAT podrá visitar una veintena de casas  -por decir una cifra, cualquiera, al azar- por hacer saltar las alarmas de sus máquinas, pero a la hora de la verdad nunca han logrado detectar nada… ¿Por qué no se pudo predecir el ataque en Boston? Como decía, ineficacia.

Lo que ahora sucede es que, los ciudadanos norteamericanos, están  viendo como la Ley Patriótica, que con gusto aceptaron en su debido momento, ahora se les está cayendo encima. El Gobierno accede a sus perfiles personales de las redes sociales, a sus cuentas de correo electrónico, de Google,… accede a todo lo que tenga que ver con es persona en la red en cuanto “se cree relevante para salvaguardar la seguridad del Estado”. Lo entrecomillo porque, ante algunos aspectos, pongo muy en duda de que todo gire en torno a la seguridad estatal. Por lo tanto, los ciudadanos sienten así sus derechos vulnerados, su privacidad individual profanada y culpan al Gobierno de cometer una ilegalidad. Sin embargo, ellos mismos aceptaron en 2001 la Ley Patriótica, que es el mecanismo que hace que el Gobierno efectúe este espionaje cibernético amparado por la ley, en el marco de la legalidad.

Finalmente, mi postura también se centraba en otro aspecto: queremos privacidad, sí, pero cuando redes sociales como Facebook nos sorprenden con noticias tales como que emplean datos nuestros para determinados motivos nos enfurecemos y los acusamos de fraude. ¿El problema? El problema está en que, sin saberlo ni quererlo, nosotros aceptamos esas acciones nada más creamos una cuenta, nada más aceptar la normativa legal que nadie se lee -no, no me digas que tú sí, porque ambos sabemos que no es cierto-, pero que, sin embargo, contiene todo lo que Facebook tendrá capacidad de hacer con todos nuestros datos, imágenes, publicaciones, etc, nada más clicar en aceptar.

Entonces, sintiéndome una idealista, diría: espionaje no, seguridad sí. Pero, muy a mi pesar, me ceñiré a la realidad que vivimos y diré: el espionaje es, prácticamente, inevitable y la seguridad, justificando el espionaje, es cuestionable.

Las fuentes

Todo periodista necesita fuentes para elaborar sus noticias. Sin ellas no hay información y sin información no hay noticias. Son piezas claves en el proceso periodístico.

Pero, ¿qué entendemos por fuentes de información?

Bajo este concepto e engloban documentos, personas, instituciones, empresas,… independientemente de su soporte o apariencia, fuente informativa es aquel o aquello que nos proporciona información, datos. Sin embargo, en nuestro camino también nos toparemos con otras fuentes llamadas fuentes documentales. Se denominan así a todas las fuentes que conforman un fondo documental en un Centro de Documentación, en un archivo o en una biblioteca, entre otros. 

Las fuentes son elementos muy relevantes porque….

Ofrecen datos, como ya se ha mencionado anteriormente.

Aportan veracidad a los hechos, a las ideas, a lo que se trasmite.

Complementan.

Proporcionan contexto y antecedentes.

Permiten contrastar.

De hecho, cuantas más fuentes tenga nuestro trabajo periodístico, mejor calidad tendrá este. Además, es muy importante no olvidar que una sola fuente no es suficiente, se necesitan, al menos, dos fuentes para proporcionar  un mínimo de diversidad de puntos de vista, de pluralidad. Por eso, reitero, cuantas más fuentes se tengan, mucho más rico, plural (suponiendo que las fuentes representan distintos puntos de vista y pensamientos) y objetivo será nuestro trabajo.

Sesións do 12 e 14 de novembro

Esta semana hemos aprendido a encontrar la fuente de documentos cuyo “origen” desconocemos y no podemos adjudicarle autoría  o referencia alguna. Esto se conoce como rastreo de URL’s para encontrar así la fuente original.

Fuente: FOTOLIA

Fuente: FOTOLIA

El proceso es muy sencillo:

1. Seguir el enlace hasta la portada del sitio, si existe, pues en múltiples ocasiones no se da el caso.

2. Buscar ACERCA (About),CONTACTO (Contact us) o  MAPA DEL SITIO (Site Map).

Si lo anterior no nos soluciona nuestro problema, continuamos por otras vías:

3. Fijarse en el enlace. Nos da una pista sobre, al menos, la página original, donde está almacenado el documento o archivo. Si accedemos a la URL base estaremos en la página principal de esa web. sin embargo, esto no nos soluciona el problema de todo.Tenemos que precisar más.

4. Ahora, en la URL del documento o archivo, procederemos a borrar partes hasta que aparezca una referencia que nos pueda orientar.

Se trata de un proceso realmente útil y que, a la mayoría, nos soluciona grandes problemas a la hora de citar las fuentes. Pues,la tendencia general, era a señalar una autoría anónima o señalar como autor la empresa o institución que compró el dominio.

Por otro lado, en la sesión de hoy hemos indagado un poco en los orígenes de la documentación informativa. Volviendo atrás sobre la información recogida para el trabajo que versaba sobre la “Ciencia de la Documentación”, señalamos algunas fechas como importantes en los comicios de la Documentación Informativa:

Finales XIX: nace el Instituto Internacional de Bibliografía y se consolida la prensa que conocemos ahora (ejemplo de esto lo muestra The New York Times).

1985: aparición del cinematógrafo, cuya importancia en la Documentación se debe a que permite grabar y almacenar productos o documentos que tendrán especial utilidad para una posterior documentación sobre un tema determinado.

1986: el año del “Yellow Kid” (El niño amarillo), obra de Richard Felton Outcaultla. Fue la primera viñeta con cromos y,a día de hoy,  se considera el precedente del cómic. Poco después, tras la guerra de los tabloides, se asocia con la prensa amarilla.

Finalmente, se nos planteó una pegunta: ¿Cuál es el origen del servicio de documentación en prensa? Para sorpresa de algunos, otros ya conocedores… la respuesta es las notas necrológicas. Aunque, no olvidar, la importancia de los primeros archivos para el proceso documental. Nacen, pos supuesto,  de la necesidad de los medios de comunicación de guardar sus documentos y/o archivos. También relevante, serían las oficinas de intercambio, donde se puede acceder y reutilizar documentos. Por último, destacar los índices temáticos, cuyo primer creador fue  The New York Times.

Los medios de comunicación y el beneficio social

La crisis actual está acarreando consigo una serie de cierres masivos de cadenas de televisión, de periódicos o mismo de radios. Es decir, de medios de comunicación. Bien, quizás la crisis sea la principal causa. Pero quizás, y digo solo quizás, también exista o existiera un importante superávit, por ejemplo, de canales. Aunque la gran parte son medios con altos contenidos informativos, existen también muchos otros innecesarios o carentes de sentido. ¿Es necesario que Santiago de Compostela cuente con tres canales de videntes de 24h? No es que haya que aprobar una ley para prohibirlos o algo similar, ese no es el problema. El problema es que canales como esos, que pertenecen a entidades o empresas privadas, están siendo financiados por el Estado, reciben subvenciones que provienen de los impuestos de todos los ciudadanos españoles. Parte de nuestro dinero se regala a empresas PRIVADAS, recalco PRIVADAS, que no públicas, para que algunas decidan invertirlo en cuatro personajes que afirman ver el futuro o predecir vete tú a saber qué.

Ahora bien, si la televisión pública se mantiene gracias a los impuestos de los ciudadanos, por eso se denomina pública, ¿por qué las empresas privadas se empeñan en que es necesario y prácticamente imprescindible -así lo proclaman cuando no tienen con qué costearse la emisión- que reciban financiación que, realmente, es pública pues proviene de los impuestos? Lo peor, el Gobierno no lo considera un error. Yo Gobierno te doy dinero para que sigas emitiendo, eso sí, no hables mal de mí pero luego en tus informativos informa de que no hay dinero para pagar más médicos y más profesores. Paradojas de la vida. No hay para pan, pero sí para coches de lujo. Disculpa esta osada comparación.

Retomando el tema, este debate entre empresas públicas y privadas surgió esta mañana fruto de la noticia del cierre de Canal Nou. Lo que más me sorprendió, es que se suscitó una disputa en torno a si las empresas privadas deberían buscar financiación ajena al Estado o deberían mantenerse las subvenciones estatales Sin embargo, repito, lo que más me sorprendió es que nadie dejó el calificativo de privada o público a un lado y pensó en la gran cantidad de profesionales, de periodistas y técnicos de cámaras, que se quedan en la calle. Se suman a la decadencia existente ya en nuestra profesión, donde los comunicadores en paro superan en creces a los que están o luchan por estar trabajando. Hay quién dirá que es más importante un médico que te salve de la muerte, o un profesor que te enseñe a leer… No pongo eso en duda, por supuesto que no. Pero, a esa gente que desprecia tanto nuestro oficio, o a esa otra que no tanto lo desprecia como si desprestigia e infravalora, les pregunto, ¿qué harían en un mundo sin información? O podemos seguir intentando mantener diversos medios para sostener un pluralismo informativo o, bien, podemos ser monopolizados por un único pilar. Pero, amigos, entonces ya ni de escasa democracia hablaríamos…

Ahora bien, llegados a este punto, es donde resalto el beneficio social de la existencia de diversos y diferentes medios de comunicación. Con esto quiero decir que cada medio o empresa accionista, en el caso de las privadas, mantiene una determina línea editorial y unos ideales concretos. Así pues, si yo fuese un medio sería muy diferente, por ejemplo, a Pepita (supongamos que fuese un medio también). ¿Por qué? Porque cada uno defenderá y divulgará informaciones de acuerdo con su ideología o creencias, en palabras generales, su forma de pensar. Aunque la información en sí, como base, sea idéntica a la de Pepita, la forma de narrarla y trasmitirla tendrá otros matices y enfoques. Ya sabemos que la objetividad es de periodistas idealistas, pues, lo queramos o no, el subjetivismo ya se manifiesta a la hora de decidir, incluso, por dónde empezar a contar un hecho. Pues bien, ¿cuál es el beneficio social? El pluralismo. Esto juega una importante labor en la sociedad, ya que la existencia de este pluralismo permite que cada ciudadano elija libremente qué canal, qué periódico o qué radio disfrutar, porque se sentirá a gusto, identificado y verá, leerá o escuchará informaciones con enfoques que él comparte. Ese, el poder de escoger entre muchos, la existencia de una información plural, es el gran beneficio que a día de hoy podemos disfrutar. Pero, ¡cuidado!, cuantos menos medios informativos, más monopolización tenderá a haber…

La Documentación como Ciencia

Tras dos clases expositivas debatiendo entre nosotros qué entendíamos por Ciencia de la Documentación, hemos podido llegar todos a una única y clara definición que, en múltiples casos, sintetizaba nuestras variadas propuestas. Así pues, decidimos que la definición que mas se aproximaba era:  actividad de comunicación humana, que se ocupa de los procesos de transferencia de información, desde que se genera hasta que se utiliza: selección, adquisición, organización, interpretación, almacenamiento, recuperación y difusión.

Sin embargo, el debate más intenso sucedió en el momento de determinar las funciones de la Documentación, entendida como Ciencia. Un amplo abano de compañeros cayó en el error de adjudicarle las funciones propias de la Documentación Informativa, un error que muy pocos supieron salvar. Mi grupo no quedo exento, tuvimos el mismo problema. Sin embargo, no nos dimos por vencidos y, tras una intensa investigación en libros y en Internet,  logramos encontrar las verdaderas funciones que corresponden a la Documentación en sí: por un lado, la función de representación del conocimiento especializado; por otro lado, la función de transferencia de ese conocimiento. Esto es, de hacerlo llegar al receptor.

Menos problemas hubo al declarar cuál es el objeto de la Documentación. Todos, o al menos casi todos, concordábamos en la información documental. Pues, esta Ciencia se ocupa del análisis del texto o documento, también llamado si lo englobamos como un todo, información documental. Además, esto es lo que permite determinar el objetivo de la Documentación: generar conocimiento y facilitar la adopción de decisiones. ¿El proceso? Sencillo. Lo primero es establecer una búsqueda, de la cual extremos unos datos. De estos, recogemos la información, que nos la proporciona el texto y, de esta forma, e receptor adquiere o logra un conocimiento.

Por último, destacar el hecho del error que todos cometimos. Todos  y cada uno de nosotros, cuando fuimos informados del trabajo que ahora está terminado, buscamos inmediatamente en Google qué era a Ciencia Documentación. Caso error. Lo primero que deberíamos haber hecho es buscar quién habla del tema, no de qué va el tema.